En primer lugar, y dada las fechas en las que estamos, lo primero es desearos a todos unas muy felices fiestas y un próspero año nuevo, de corazón.
Y ahora vamos a relatar ruta de las que se nos quedan en la retina por muchos y variados motivos.
Se trataba de hacer una ruta de sendas al lado del río Júcar, por la zona de Fuensanta, El Galapagar, El Carrasco, Villalgordo del Júcar y vuelta a Fuensanta.
Es probable que os suenen todos estos sitios pues ya son famosos, tanto por las rutas que realizamos a lo largo del año como por las tres BTT que circulan precisamente por este recorrido.
Para esta ocasión nos dimos citas André, Pablo R., Pedro (un compañero ciclista, buen fichaje, ¡vive Dios!) y este que suscribe. El tiempo era frío y estaba cayendo algo de escarcha, pero por suerte el sol empezaba a salir y no hacía viento alguno. Así que a eso de las ocho y media empezamos a rodar.
La ruta consistía en hacer una especie de ocho, de modo que desde Fuensanta partíamos hacia el Galapagar, desde allí hacia el Carrasco, de nuevo cruzabamos el río y tomabamos dirección hacia La Marmota hasta volver a dar media vuelta, en dirección de nuevo a El Galapagar, cruzar el río y hacer todas las sendas posibles que hay hasta llegar a Villargordo del Júcar. De nuevo cruzar el río y tomar una pista que transita a lo largo del río hasta llegar a Fuensanta.
Los caminos estaban algo pesados pues esa misma semana había estado lloviendo, si bien, no había nada de barro.
En fin, ¡que deciros! ¡que delicia! kilómetros y kilómetros de sendas limpias, entre pinos, al lado del río, con la mejor compañía posible, vamos, un auténtico placer. Os tengo que remitir a los vídeos que ha subido Pablo, donde se puede apreciar el estado de como estaban esas sendas y ese paisaje tan bonito que atraviesan.
Mis tres compañeros demostraron además estar en un perfecto estado de forma, ¡os lo aseguro! Además de ser buena gente, aunque me defendí como gato panza arriba, pero vamos, que no tuve que tirar a nadie al río.
En pocos kilómetros estábamos de vuelta en Fuensanta, dónde cerramos la ruta de la mejor manera posible, sin un rasguño (bueno, uno sí en el pantalón, que yo tuve una pequeña caida pero sin ningún tipo de complicación pues estaba parado), tomamos algo fresco y sin alcóhol que luego había que conducir y nos volvimos cada uno a casa con una sonrisa de oreja a oreja.
Pues nada, volver a darle las gracias a mis compañeros de ruta que han sido unos auténticos colegas sobre la bicicleta y fuera de ella.
Aquí os dejo un enlace a la fotos y por supuesto, la ruta:
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Saludos Globeros...Edu